Reseña de la visita al comedor escolar

 Ana, madre de una niña de tercero de primaria, fue una de las elegidas para visitar el comedor del cole a través del sorteo disponible para familias socias. 

Tras comer en el colegio hoy mismo, nos relata su experiencia abajo:



Este pasado lunes comí en el comedor del cole, en el segundo turno de las 13.30h. Cuando llegué ya estaban todos los niños sentados en sus mesas con sus bandejas y vasos.

El equipo de cocina me había reservado un hueco próximo a la puerta, con una visión completa del comedor. Las cocineras me recibieron muy cariñosamente, como a una invitada especial. 
Mi bandeja compartía la mesa con las fuentes de acero inoxidable donde tenían preparada la comida: pasta con tomate y queso rallado de primero, y hamburguesas de segundo con ensalada de lechuga y maíz.

El comedor es un espacio agradable, limpio y organizado. Entra una agradable luz por los ventanales, a través se las cortinas anaranjadas.
Los niños se distribuyen por cursos: Tercero y Cuarto a la izquierda; Quinto y Sexto a la derecha. A los chavales de Sexto el comedor se les queda pequeño ¡se nota que son los mayores!
Al fondo, detrás de una mampara de vidrio, almuerzan los profesores, que fueron llegando poco a poco mientras los niños y yo comíamos. Me pareció muy bonito que compartieran espacio y horario.

Los niños charlaban alegres entre ellos, comían animadamente y se reían. Las monitoras les atendían con celeridad, se notan sus rutinas diarias. Casi todos repitieron cuando preguntaron quién quería más pasta, hamburguesa o pan, un montón de bracitos en alto.
La comida estaba rica, enfocada al público infantil. La hamburguesa jugosa y la ensalada bien aliñada, lo justo de aceite y sal.

Llegó la hora del postre y se repartían manzanas enteras o medias manzanas, me gustó el detalle. Luego vaciaron los restos de agua de sus vasos en las jarras de acero inox. y fueron sirviendo la leche. Me alegró observar que no llenaban los vasos hasta arriba, siempre había sido una de mis pesadillas...

Una vez que acabaron, por turnos se levantaban y depositaban sus vajillas en la zona central del comedor, donde han ubicado una mesa para reciclar: cubiertos en un barreño con agua, restos de comida en el cubo de basura, envases de leche en bolsa amarilla, y bandejas apiladas en la mesa (la idea de las bandejas es genial; personalmente me gustarían más de acero inox, como el resto de la vajilla).

En el mismo orden, fueron saliendo contentos al patio. El tiempo para comer me pareció razonable, sin prisas. Durante la comida no hubo revuelos ni desmadre, comían educadamente y usando los cubiertos.

Llama la atención el ruido en el comedor, pero es que hablan sin parar... y es su momento de expansión. Es probable que algún elemento acústico decorativo en el techo ayudara a mitigar la reverberación.

Le doy la enhorabuena a Gastroser y al Colegio por la dinámica que se percibe en el comedor y la calidad de la comida. Y también les doy las gracias por esta oportunidad de ver a los niños en su entorno diario. 

Ana

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